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Métodos para el diagnóstico hematológico integrado

El diagnóstico de una neoplasia hematológica rara vez depende de una sola técnica. La mayor precisión se logra al integrar morfología, citometría de flujo, citogenética, FISH y genética molecular, junto con los estudios especializados que requiera cada enfermedad.

Cada método responde una pregunta distinta y su valor crece cuando los resultados se leen en conjunto y a la luz del cuadro clínico.

Citomorfología

La citomorfología es uno de los pilares del diagnóstico hematológico. Con ella se evalúan la sangre periférica y la médula ósea, se estima la proporción de blastos, se reconoce la displasia, se valora la maduración de cada serie y se describe la morfología de las poblaciones anormales. También sirve para valorar la respuesta hematológica.

Muestras habituales: médula ósea y sangre periférica con EDTA o citrato.

Análisis cromosómico

El cariotipo identifica alteraciones numéricas y estructurales a escala cromosómica. Ayuda a confirmar una entidad, a reconocer clones complejos y a obtener información pronóstica que las pruebas dirigidas no siempre proporcionan.

Muestra habitual: médula ósea con heparina; sangre periférica en escenarios seleccionados.

FISH

FISH es una técnica dirigida que detecta alteraciones cromosómicas o génicas específicas con sondas fluorescentes. Es especialmente útil cuando hay una pregunta concreta que debe responderse rápido o cuando la alteración es demasiado pequeña para la resolución del cariotipo.

FISH no sustituye al cariotipo cuando se necesita una evaluación global y el abanico de alteraciones posibles es amplio.

Genética molecular

La genética molecular detecta variantes, fusiones y otros marcadores con alta sensibilidad. Según la técnica, sirve para el diagnóstico, la clasificación, la estratificación pronóstica, la identificación de blancos terapéuticos y el seguimiento de la enfermedad medible residual.

Entre sus herramientas están la PCR, la qPCR, la PCR digital, el NGS y el análisis de fragmentos.

Inmunofenotipo por citometría de flujo

La citometría de flujo caracteriza las poblaciones celulares a partir de sus patrones de expresión antigénica. Es fundamental para definir linaje, maduración y fenotipos aberrantes, y en ciertos contextos permite cuantificar la enfermedad medible residual.

Hematología no maligna

El estudio de las anemias hereditarias y de otras alteraciones hematológicas no malignas combina biometría hemática, análisis de hemoglobinas, pruebas funcionales de membrana o de enzimas y estudios genéticos, según el fenotipo.

Bioinformática

La bioinformática procesa e interpreta el gran volumen de datos que genera el NGS: demultiplexado, alineamiento, detección de variantes, anotación, filtrado y apoyo a la interpretación clínica.

Enfermedad medible residual (MRD)

La MRD permite detectar y cuantificar la enfermedad que persiste por debajo del umbral de la morfología convencional. Se estudia con citometría de flujo y con distintas técnicas moleculares. El método más adecuado depende de la enfermedad, del marcador disponible y de la sensibilidad que se necesite.

Cómo se integran las técnicas

En la práctica conviene partir de la pregunta clínica:

  • ¿Hay una población neoplásica y cómo se ve? → morfología.
  • ¿De qué linaje es y qué fenotipo tiene? → citometría de flujo.
  • ¿Qué alteraciones cromosómicas hay a escala global? → cariotipo.
  • ¿Necesito confirmar rápidamente una alteración específica? → FISH.
  • ¿Qué variantes, fusiones o marcadores moleculares hay? → genética molecular.
  • ¿Persiste enfermedad después del tratamiento? → la estrategia de MRD que corresponda a la entidad.

El orden real varía y con frecuencia varias pruebas se realizan en paralelo.

Figura que empareja seis preguntas del diagnóstico hematológico con la técnica que las responde y con lo que aporta cada una. Si hay una población neoplásica y cómo se ve corresponde a morfología; de qué linaje es y qué fenotipo tiene, a citometría de flujo; qué alteraciones cromosómicas hay a escala global, a cariotipo; confirmar rápidamente una alteración específica, a FISH, con la advertencia de que no sustituye al cariotipo cuando se necesita una evaluación global; qué variantes, fusiones o marcadores hay, a genética molecular; y si persiste enfermedad después del tratamiento, a la estrategia de enfermedad medible residual que corresponda. Dos bandas transversales representan la bioinformática y la hematología no maligna. Una nota final indica que el orden real varía y que con frecuencia varias pruebas se realizan en paralelo.
Correspondencia entre la pregunta clínica y la técnica que la responde, con la aportación de cada método y sus límites declarados. La bioinformática y la hematología no maligna atraviesan todo el proceso; el orden real varía y con frecuencia varias pruebas se realizan en paralelo.